Una tradición, una manera única de hacer las cosas que se remonta más allá de un siglo en el tiempo. Una forma de vida, un apego a la tierra, un amor a la vid, un estado de ánimo que se palpa en cada uno de su vinos.

En Avan son distintos y en esa diferencia se esconden decenas de años de historia. Un ADN especial, una genética única en la Ribera del Duero. Hay que echar la vista atrás, unos 80 años, cuando el abuelo recogió la genética de un viñedo centenario para injertarla, adaptarla y volverla a reproducir. Todo ello en un lugar privilegiado, Fuentelcésped (Burgos), al límite de la demarcación geográfica de la Denominación de Origen Ribera del Duero, un sitio especial por su geografía y altitud, pero también por la tradicional vinculación al mundo de vino.

Medio siglo antes de que llegara la Denominación de Origen Ribera del Duero, en el pueblo ya el vino y la vid eran el motor de la economía. En Fuentelcésped se vivía del vino y por el vino, y el respeto a la viña era algo sagrado.

Juan Manuel Burgos. Pasó su infancia y juventud entre cepas, de la mano de su abuelo quien le inculcó el amor a la tierra y al mundo vino. Trasgresor, innovador y con un marcado toque personal, este viticultor y enólogo de 42 años ha sabido marcar la diferencia al elaborar sus vinos. Una personalísima manera de hacer las cosas desde las viñas hasta el embotellado. Huyendo de las marcadas normas de calificación para el Crianza, Reserva y Gran Reserva que impone el Consejo Regulador de la Ribera del Duero, ha optado porque los vinos hablen y digan por sí solos el tiempo que deben de permanecer en barrica.

En su singularidad está la diferencia.

Filtrar
×

Carrito